Lorena Robalino, un camino guiado por lo que le hace feliz

Lorena es una guayaquileña con un aire diferente; no sabía yo si era su mentalidad, su forma de hablar o tal vez su aspecto extranjero de ojos claros y pelo rubio. Cuando la conocí poquito más entendí: es una mujer super completa, muy viajada, que ha permitido que sus sueños vayan marcando su camino. Socióloga, actriz y comunicadora, su trayectoria profesional inusual ha ido sembrando perspectivas distintas en su vida. Me llamó la atención porque es alguien que no busca cumplir con los estereotipos de lo que es ser influencer, ser artista, ser atractiva o ser mujer.

En un contexto en el que las redes sociales muestran gente «tibia» abordando temas muchas veces superficiales, ella no teme decir las cosas como son. A través de sus cuentas, aborda problemáticas como el feminismo, el rescate animal, la defensa del arte y la cultura.

Lo que ves en mis redes soy yo: a veces hablo sobre mi perra Lula, o comparto contenidos sobre las fundaciones de rescate animal, con lo que la gente pregunta. Por ahí se va generando al menos curiosidad de qué se trata. Hablas desde ti mismo, no porque te están pagando o porque tienes que hacerlo.

Lorena Robalino

Estuviste viviendo un tiempo fuera, ¿qué te llamó de regreso al Ecuador?

Quería volver al mar, quería volver a mi tierra, a comer frutas de acá, estar en medio de la naturaleza, del sol y del calor de verdad

Viví en Europa 7 años, primero en Alemania, Inglaterra, Italia y viajando, aprovechando que allí todo está cerca y es más factible moverse. Tenía ganas de volver a mi casa en Guayaquil. Es un poco paradójico porque estuve allí un mes, pero por temas personales fui a Quito donde encontré el arte en el Estudio de Actores aprendiendo actuación, ¡me fascinó! «Este es mi lugar, entonces ya no lo podía dejar y esa fue una de las razones por las que me quedé en Quito». Luego salieron otros proyectos y me quedé 7 años. Ahora estoy planeando volver a Guayaquil.

Te noto abierta a lo que llegue a tu vida. ¿Qué te mueve?

¡Lo que me haga feliz! Trato de no encasillarme en cosas y lo que a uno le hace feliz cambia en diferentes etapas de la vida. Guayaquil estuvo siempre ahí y decidí dejarlo porque habían proyectos en otros lados, conocí gente que me expandió en el mundo del arte. Aunque estoy a gusto en Quito, creo que hay procesos que se cumplen y es el momento para algo nuevo.

Lula y Lo. Foto: CP

Tu perrita Lula es famosa en tus redes, ¿cómo empezó su historia?

Hace rato quería tener un perro, pero el vivir en departamento me detenía. Hace 2 años, una amiga comunicadora que trabaja en una fundación de bienestar animal me invitó a hacer unas fotos para difundir la adopción de mascotas. Fue una sensación hermosa estar entre tantos perros, seres tan incondicionales que ni siquiera te conocen y te dan tanto amor. Salieron los chiquitos y la Lula se quedó todo tiempo conmigo. Desde allí no nos separamos.

Dicen que los perros te adoptan, no es al revés

¿Y cómo llevas tu vida con una perra?

Vivo cerca al Parque de La Carolina, así que es como el patio de mi casa. «Aunque no parezca, yo soy muy de estar en casa y en lugares apartados de gente… ¡por algo me hice socióloga!» Con la Lula me obligué a salir, a buscar espacios verdes. De hecho, me ha sacado de esos momentos tristes en los que uno podría pasar todo el día en la cama. De cierta manera, ella es un motor que me hace salir ya que sé que necesita ir al baño, jugar, correr; lo hago por ella. Puedes además conocer otra gente que tiene perros y entablas naturalmente una conversación. Hay algo que aprendí del comportamiento canino: los perros son como los dueños y agarran su temperamento. La Lula es sociable, cariñosa, pero tiene también su carácter fuerte.  Los perros te obedecen cuando tienes una energía de líder, pero cuando estás mal emocionalmente, no te hacen caso; son un buen medidor de energía.

Puedes encontrarte con Lorena en la zona de perros de La Carolina llevando a Lula a jugar. Foto: CP

¿Qué lugares naturales recomiendas conocer en Guayaquil?

Amo las playas con poca gente, como una que queda vía a Data, en un sector que se llama Las Valentinas. También me gustan las playas de la vía a San Pablo. Por Manabí me encanta el Cañaveral.  Dentro de la ciudad, el Parque Samanes está cada vez más grande y es un área verde super chévere, con parques de perros e incluso una pared de escalar. El Parque Histórico es una mezcla entre historia en los recorridos, de naturaleza a través de una reserva de animales, y de ejercicio, ya que puedes caminar largos tramos. También me gusta el Micro Teatro La Bota que se encuentra dentro del Malecón de El Salado, una de las áreas verdes más céntricas de la ciudad.

Lorena ama la playa, especialmente las de poca gente. Foto: Facebook oficial

¿Cuáles son tus próximos pasos?

Continuar en el arte y hacer más teatro, «volver a las tablas». No he hecho teatro ya 3 años. Me quedé sorprendida positivamente la última vez que estuve en Guayaquil porque ha crecido muchísimo en cuanto a arte con teatros y microteatros, por eso me quiero ir allá  ya que la movida teatral y artística está fluyendo; ¡la gente hace fila para entrar al teatro! Eso solo lo había visto en Buenos Aires o en Europa.

 

Te deseo lo mejor, Lore, en los nuevos caminos a venir. Y si Guayaquil es tu siguiente parada, espero que tengas mejor suerte que yo en la búsqueda de lugares pet friendly para Lula, en una ciudad no tan abierta a los perros. Te seguiré en redes para aprender de tus puntos de vista sobre los temas importantes que se van presentando en la actualidad.

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